La planilla tenía 8 items esenciales que los diseñadores y el equipo de constructores debían cumplir a rajatabla: El precio debía ser por debajo de los 2500 dólares, capacidad para 4 pasajeros, asientos individuales, palanca al piso, motor ágil de 6 cilindros pero con un vano que pudiera meter un V8 a futuro, el largo no podía superar los 4.5 metros, el diseño tenía que ser de capot largo y baúl corto y por último, la lista de accesorios disponible para que el cliente personalice su unidad tenía que ser descomunal. Nacía de estas premisas el Ford Mustang, uno de los deportivos más icónicos de todos los tiempos. Para el año ’64 los equipos de marketing de Ford ya tenían estrategias dignas de tiempos presentes y al deseo generado junto a la expectativa, empleaban métodos muy efectivos: tiempo antes de la presentación oficial, Ford dejo salir al mismísimo sobrino a pasear «sin permiso» por Detroit en un prototipo descapotable negro, y casualmente un famoso editor se encontraba por las mismas calles con su cámara en mano. Poco tardó en publicar las fotos y generar un revuelo inmenso, junto a un deseo de compra que se vería reflejado el mismo día de la presentación oficial: 20.000 unidades vendidas solo en la feria donde fue expuesto, todo gracias a la «manija» versión Sixties. Para el año ’66, dos después de su nacimiento, el Mustang celebraba el millón de unidades vendidas, el resto como ya saben, es historia. Nuestro fotógrafo @manuelcuri_ sesionó estas dos unidades del ’66 y ’67 en un estado inmejorable que elegimos hoy viernes para cerrar la semana y acompañar la nota.
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