Para empezar a hablar de este Cobra es casi obligatorio rememorar las épocas en donde nuestros artesanos ponían su magia, su ingenio, su trabajo artesanal a merced de bellezas como esta. Corría el año 95 cuando de las factorías de Bessia este Ford pisaba suelo patentado y listo para disfrutar. Es de público conocimiento que en tiempos posteriores la ley de autos artesanales perdió toda su fuerza, obligando a muchos a cerrar sus proyectos. Y a pesar que al día de hoy se retomó la iniciativa, son muchas las trabas burocráticas que en consecuencia provocan la ausencia de nuevos modelos. El dueño de este Cobra lo adquirió en el 2015 y bajo el capot se aloja un 221 con un Holley 40/40, una opción que solía reemplazar a los V8 que originalmente se ofrecían con los Biscayne y que equiparon a una gran cantidad de replicas que circulan por nuestras calles. Sentarse en un auto de estas características requiere un esfuerzo extra por lo acotado del espacio, pero una vez adentro uno calza como guante y todo el instrumental Autometer te envuelve haciéndote sentir en un lugar especial. Con las piernas estiradas, pegado al piso, a cielo abierto, los escapes al lado del oído, la selectora bien a mano y tomando el volante original que el dueño trajo especialmente para el modelo, podemos asegurar que el Cobra se asemeja al lugar perfecto en este mundo… al menos nuestro mundo. Los dejamos con las fotos de nuestro fotógrafo @marence.ph
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