El mundo cambió. Cambiaron las costumbres, los hábitos, pero las pasiones siguen siempre intactas. Es como lo decía la célebre línea de Guillermo Francella en El Secreto de sus Ojos cuando intentando descifrar una incógnita, rezó una frase épica : “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión!” ¿Existe algo que nos defina mejor que esto? lo dudo.

 

 

Las puertas del Galvez se abrieron como se abre un templo esperando a su peregrinos y muy pero muy ordenadamente cada box se fue ocupando, expectante, arañando una normalidad que no llega, pero que está por ahí, con ganas de quedarse a jugar con nosotros. Si hay algo que siempre remarcamos de este evento, de esta organización, es justamente la capacidad que tienen de un orden metódico, de un aire familiar que uno lo respira durante toda la jornada.

 

 

El resultado son siempre experiencias enriquecedoras para todos los sentidos. Si bien la canilla esta vez se abrió un poquito más y eso permitió el ingreso de un poquito más de público, la sensibilidad de las autoridades del autódromo estaba frágil y nos tuvimos que adecuar a algunas reglas complejas para la fraternidad que comulga el fierrero promedio en su habitat natural.

 

 

Es difícil cuando hay tanta pasión contenida no charlar en grupo, no festejar alguna vuelta rápida, contener un abrazo, un saludo que no sea un codo y hasta no poder sacarse una foto grupal sin barbijo para saber quien es quien en una postal que a boca tapada esta mas cerca de un grupo de terroristas que de un grupo de amigos compartiendo pista. Sea cual sea el cambio, la pasión no cambia y el Lunes, volvimos a sentirnos como en casa otra vez.

 

 

Este es el resumen de la cámara de nuestro director @lucasarrieta con algunos highlights de toda la jornada. Esperamos lo disfruten!.